A mis amigos que viven cerca del mar y lo admiran todos los días
Día sin señales. Me pongo en
camino inquieto porque este camino ya no tiene apellidos: ni de Santiago, ni de
Santa Teresa, ni de nada ni de nadie. Quiere decir que aquí ya no puedes
esperar señales. Uso el navegador del teléfono móvil a modo de mapa cuando lo
necesito, aunque sigo preguntando y dejándome aconsejar y eso unas veces es
bueno y otras veces es malo.
Recuerdos del mar
Estoy en algún punto
indeterminado entre Pozaldez, Ventosa de la Cuesta y Matapozuelos. A lo lejos
La Seca. Un pastor me aclara que para llegar a Valdestillas cualquier camino es
bueno y que si voy por allá bien y si voy por otro lado también. Opto por pasar
por Ventosa de la Cuesta y acabo en el polideportivo de la zona en la que un
profesor de educación física da una clase de psicomotricidad o Pilates o todo
junto (que es una buena idea) a varias mujeres de la zona y un hombre. Allí me
indican, bien o regular, como hay que llegar a Valdestillas. Pero ya he hecho
más quilómetros de los que debía y voy cansado. Las cinco horas previstas
fueron siete y al final con mucho calor.
He aprendido que usar el
navegador del teléfono es bueno pero que hay que saberlo usar y hoy no lo he
hecho bien: si el circulito, azul que eres tú, no está encima del camino, no
estás bien. No vale estar cerca: encima. Mañana lo haré bien.
El mesón Taquita recoge una ruta
que viene de Madrid frecuentada por ciclistas y el camino les da la vida. La
proximidad del tren y el cansancio me hace pensar que tal vez mañana sería
bueno ir en tren.
10ª jornada. 13 de
junio de 2019, Jueves. 28 kilómetros aproximadamente.

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